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Salvatore Quasimodo
Italia
El alto velero
Cuando vinieron los pájaros a mover las hojas de los árboles amargos junto a mi casa (eran ciegos volátiles nocturnos que horadaban sus nidos en las cortezas), alcé la frente hacia la luna y vi un alto velero.
Al borde de la isla el amor era sal; y se había tendido la tierra y antiguas conchas relucían pegadas a las rocas en la rada de enanos limoneros.
Y le dije a mi amada, que en sí llevaba un hijo mío y por él tenía siempre el mar en el alma: Estoy cansado de estas olas que baten con ritmo de remos, y de las lechuzas que imitan el lamento de los peros cuando hay viento de luna en los cañaverales. Quiero partir, quiero dejar esta isla.” Y ella: “Querido, ya es tarde: quedémonos”
Entonces me puse a contar lentamente los vivos reflejos de agua marina que el aire me traía a los ojos desde la mole del alto velero.
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